jueves, 22 de octubre de 2009

Y uno de hombres sin voz




Elegante es lo primero que nos viene a la mente cuando vemos el debut fílmico del argentino Rodrigo Moreno (Buenos Aires, 1972), tal vez en segundo lugar vendría contemplativo. El Custodio (Argentina, 2006) es una película acerca de la monotonía de vivir, aún más desempeñando el trabajo que dá título a la película. Utilizando un eficaz estilo narrativo, una carente banda sonora y un conjunto de largos y estáticos encuadres, Moreno nos vá mostrando la penosamente lenta y aburrida existencia de un hombre cuya obligación es sacrificar su vida (y familia, ambiciones, futuro, incluso en una escena nos hace saber que nunca se ha metido al mar y sigue sin tiempo de hacerlo) para cuidar la de otro. El otro en cuestión es un alto magistrado, que vive entre juntas, familia, entrevistas, viajes y amante incluída, mientras tiene un par de sombras que, sin estorbar, siempre están al pendiente de sus pasos. Es de recalcar el manejo de la imágen, elegante como lo mencioné, incluso preciosista. Un pasillo, una vista aérea de un estacionamiento, un restaurant chino o el interior de un auto, con todo y rosario colgante del retrovisor, nos pueden parecer incluso poéticos, remitiéndonos no en pocas ocasiones al trabajo de cineastas nipones como Takeshi Kitano (especialmente en Sonatine y Hana-Bi). Otro punto importante es que el custodio tiene que pasar desapercibido, siempre, a lo más que puede aspirar es a un buenos días; es la sombra fiel que al final del día estará allí, seguirá siendo sombra. La cámara retrata esto a la perfección, en cada encuadre sucesivo el personaje esta desfasado, nunca es el elemento jerárquico de la composición: está a un lado, al otro, de espaldas, vemos una mano, está fuera de foco. Las pocas escenas en que está al centro se encuentra incómodo, con voces en off enfatizando esta situación. El filme se empeña en mostrar la frustración del custodio, quien parece estar siempre atrapado en su realidad (es de notarse que el personaje nunca se muestra cruzando puerta alguna y que siempre se mantiene en espacios casi claustrofóbicos).
Rodrigo Moreno así dá cuenta de la buena salud del cine argentino que junto con otros directores como Lucrecia Martel y Pablo Trapero conforman este incipiente pero interesante movimiento llamado Nuevo Cine Argentino.


Rodrigo Moreno / El Custodio / Argentina / 2006

martes, 20 de octubre de 2009

A D D S

Que tienen en común la cadena de tiendas "hágalo-usted-mismo" alemanas Hornbach y la electrónica HP? Tal vez solamente el hecho de contar con dos campañas publicitarias bastante sui-generis que, basándose en dos interesantes (y por qué no, intrigantes) personajes, desarrollan dos estrategias comerciales bastante divertidas y poco ortodoxas. Los primeros sentaron en diversas locaciones al enigmático lider de los Einstürzende Neubauten al tiempo que lee en voz alta (con su cavernoso timbre) los catálogos de la tienda. Los segundos reclutaron a ese creativo niño atrapado en cuerpo de adulto Michael Gondry para hacer unos monólogos sobre estrategias de trabajo y posibilidades del producto al tiempo que pasa de una dimensión a otra (de la real a la imaginaria, de la imaginaria a la digital y de regreso a la real).


Blixa Bargeld liest Hornbach / Hermann Vaske / Alemania / 2004



Michael Gondry, Eternal Dreamer / Oliver "Twist" Gondry / USA / 2007

sábado, 10 de octubre de 2009

St. Kracklite, Architect



A Peter Greenaway (UK 1942) difícilmente se le consideraría un director de actores, ya que a largo de su trayectoria se ha caracterizado por ser un director de imágenes. Con anterioridad ya había mostrado su postura ante el acto de filmar : "si quisiera contar historias sería novelista no cineasta", además constantemente habla de las "tiranías" del cine: el encuadre, los actores, el texto (guión) y la cámara. Por esto no es extraño descubrir que sus personajes son superficiales, considerados más imágenes que seres humanos, y acomodados como piezas de un rompecabezas, ordenado y matemático, como la mayoría de su obra. Esto hace aún más extraña la figura de Stourley Kracklite (interpretado virtuosamente por Brian Dennehy) protagonista de su filme The Belly of an Architect (1987), un personaje sólido, bien perfilado, que nos lleva de la mano a su autodestrucción por medio de una obsesión cuasi-fetichista que lo consume. Kracklite es un arquitecto norteamericano exitoso, maduro, casado con una hermosa y mucho menor mujer (tal vez más un trofeo que una esposa), en la cima de la prosperidad: dinero, éxito, amor y por que no, poder. Poco a poco presenciamos el declive de Kracklite, quien aunque consciente de ello, sigue adelante hasta las últimas circunstancias. Pero en que, o mejor dicho, en quién se basó Greeanaway para la creación de tan interesesante caracter. Una lectura superficial podría hablar de un álter ego, un ente con tintes autobiográficos que comparte las obsesiones barróco-historicistas de Greenaway al tiempo que se regodea en las virtudes del hombre renacentista (recordemos que no sería la primera vez en que el inglés se autocitara, ya que Tulse Luper es otro de sus más conocidos "otros yo"). Pero a mi gusto va más allá y me atrevería a proponer que Kracklite es la simbiosis de dos de los grandes arquitectos del siglo XX, ofreciendo no pocos paralelismos con ambos. Me refiero al alemán Ludwig Mies van der Rohe y al franco-suizo Charles Édouard Jeanneret-Gris (Le Corbusier). Si observamos claramente Van der Rohe y Kracklite presentan muchas semejanzas: ambos a edad madura abandonan a sus familias y al éxito alcanzado a esas instancias por una obsesión: el primero por su creciente admiración por la figura y pensamiento de Friedrich Nietzsche, el segundo por la fantástica arquitectura de Étienne-Louis Boullée. Mies se autoconfina a su departamento viviendo de una minimalista pero opulenta manera: un pequeño pero selecto cúmulo de libros, una escultura de Picasso, un cuadro de Klee... Kracklite se confina a un suntuoso cuarto de hotel en Roma, finas viandas, algunas valiosas piezas de arte, un apilado de planos y documentos y una fotocopiadora. Van der Rohe entra a una etapa en que su formación intelectual se perfecciona y sistematiza, pasado algo similar con Kracklite. Incluso ambos vienen de Chicago donde han construído sendos edificios. El alemán poco a poco abandona a sus clientes y comisiones por el desarrollo de un conjunto de esquemas arquitectónicos, sin cliente, emplazamiento, limitaciones, o reglamentaciones a los cuales dedicaría casi ocho años. El personaje de Greenaway a su vez, lo abandona todo por una ambiciosa y gigantesca exposición sobre Boullée. Los bocetos del primero se convertirían, según muchos críticos de arquitectura, en un autorretrato de su persona (en especial la casa de tres patios) más que en un proyecto construíble, mientras que la exposión del segundo no solo esbozaría la personalidad de Kracklite sino pondría de manifiesto que el motor que lo guía es más la ambición que la admiración, no la banal  ambición económica sino una más trascendente y megalomaniaca, la de construir lo inconstruíble, de materializar arquitecturas imposibles.



Por otra parte Le Corbusier fue un hombre obsesivo. Tenía una obsesión por poseer, por hacer suyo, aún mejor si es de alguien más. Se obsesionó con las mujeres (especialmente las algerianas), se obsesionó por la racionalización y la modulación, se obsesionó por trascender la arquitectura (recordemos que aún al terminar una obra la fotografiaba y años después todavía seguía boceteando sobre esta foto, sucediendo lo mismo con sus dibujos) y se obsesionó aún más por una casa, la E-1027 de Eileen Gray. Kracklite se obsesiono por la arquitectura fantástica e irrealizable (por lo menos en su época) de Boullée. Estas gigantescas e ingrávidas formas geométricas que desafiaban tanto a la escala como a la técnica. Ambos también fueron más allá con esta obsesión e incluso realizaron actos de transgresión. Le Corbusier invadió literalmente la casa para pintar sendos murales en sus paredes (ocho en total) a pesar de la gran admiración que, incluso reconoció, sentía por la obra, un acto que la propietaria calificara de vandálico (más extraña el saber que Le Corbusier era enemigo del muralismo y criticaba su práctica). Kracklite se apropió de la obra de Boullée al materializarla, por medio de maquetas que en gran manera negaban el carácer fantástico (e incluso místico) que le dió su creador y las banalizaba creando gigantescos prismas geométricos. Ambos eran fanáticos del dibujo y de trascender las fronteras de la expresión gráfica, uno gracias al collage y la alteración de las fotos por medio de trazos sobre ellas, el otro por la repetición, la cámara y la fotocopiadora. Le Corbusier llegó al punto de construir una pequeña cabaña aledaña, a manera de parapeto, para "espiar" la casa mientras que Kracklite llegó a habitar el lugar donde se realizaban las maquetas. El francés muere, de manera misteriosa, ahogado (¿suicidio?, ¿casualidad?) en el mar después de haber visitado la E-1027, el norteamericano termina sus días lanzandose desde una ventana depués de haber visitado la inaguración de la exposición, ¿ambos creerían que su labor ya había finalizado?, ¿pesaba más la carga de esta obsesión fetichista que la necesidad de vivir?...



El arquitecto de Greenaway tiene mucho de estos dos personajes, pero también es una creatura con vida propia. Algunos podrán decir que les recuerda al ético terrorismo idealista del personaje de Ayn Rand, otros más a aquellos que vestían las maquetas de sus proyectos a manera de sombreros en las fiestas de la Bauhaus y unos más a aquel que teorizaba sus proyectos a la diestra de Jacques Derrida.
La única certeza que nos queda es que Stourley Kracklite es uno de los personajes mas complejos y entrañables no solo de su cinematografía sino del cine de las últimas décadas.



Peter Greenaway / Belly of an Architect / UK / 1987

jueves, 8 de octubre de 2009

L'enfant terrible #3

Se había visto innumerables veces que un cineasta fuera cruel con sus personajes, pero que lo sea para con el público es muy raro, más raro viniendo aún de un culto y letrado psicólogo con posgrados en filosofía y dramaturgia. Desde sus inicios Michael Haneke (Austria, 1942) mostró un interés incluso mórbido por la temática de la violencia y el como afecta psicológicamente a la sociedad. Su primer largometraje titulado The Seventh Continent (Der Siebente Kontinent) tocaba un tema álgido, documentando a una relativamente normal familia clasemediera austriaca, demasiado común en apariencia, que lentamente va cayendo en una espiral de hastío que culmina con el suicidio colectivo de los tres integrantes, sin razón aparente. Lo más interesante de todo (además de saber que la historia está basada en un hecho real) es que Haneke jamás emite un juicio ni esboza alguna postura crítica. Con su siguiente película Benny's Video abraza de lleno el tema de la violencia mediática basando mucha de la narrativa en los videos caseros del protagonista (para un efecto más realista y perturbador). Pero la provocación mayor no llegaría hasta 1997, cuando edita Funny Games, un violentísimo filme que no contento con agredir al máximo a los personajes, ataca directamente al público siendo la misma audiencia quien al final sufre más. La película en apariencia es un tratado sobre la violencia extrema, la falta de sensibilidad del ser humano y la crueldad generada por los tiempos modernos y los medios de comunicación, pero vá mucho más allá. Trascendiendo la cuarta dimensión, Haneke nos hace sentir participes de los crimenes, incluso cómplices, presenciamos los horrores y no podemos hacer más que observarlos. De paso, además, rompe con muchas de las convencionalidades del género, por ejemplo, acaba primero con los más débiles, algo impensable en el cine comercial, además nos va mostrando pistas que al final no llevan a nada y frecuentemente crea falsas esperanzas sobre el futuro de los personajes. El personaje de Paul en innumerables ocasiones nos sonríe, nos guiña, nos platica sus planes, incluso es consciente de que está participando en un filme; la habilidad de Haneke radica en contraponer esta consciencia de la ficción con la realidad que pretenden crear los actores (quienes brindan unas sólidas actuaciones que podrían hacernos dudar sobre la veracidad de lo que observamos). Así, el filme frecuentemente transita en esa delgada línea entre ficción y realidad, que entenderemos mejor si somos lo suficientemente observadores. Funny Games invita a la participación, no se observa, se vive (o se sufre).

viernes, 2 de octubre de 2009

L'enfant terrible #2


Mucho se ha dicho del danés Lars Von Trier (Copenhagen, 1956) que si es un misógino, egocéntrico, pretensioso, manipulador, enfermo, mentiroso y muchas más, pues sí, tal vez si lo sea, tal vez este hombre que se dice criado por hippies en la libertad total y poseedor de una impresionante colección de manías y fobias (alguna vez dijo que "tenía miedo de todo en la vida excepto de filmar películas"), y autonombrado el mejor director de cine del mundo, sea todo lo anterior, y más, pero al mismo tiempo es un buen director, un gran director y un mejor provocador. Si algo sabe hacer es atraparnos en su mundo, en su visión filmica. Lo amas o lo odias pero difícilmente te deja indiferente. Desde sus primeros filmes (la llamada trilogía Europa) mostró un estilo diferente e innovador. Los tres filmes comprendidos muestran una destreza técnica bastante apreciable (e innovadora), una narrativa compleja y esbozaban ya muchas de las constantes de su obra posterior. Después de estos filmes, y un exitoso paso por la televisión, Von Trier sufre unos reveses personales que lo hacen cambiar de rumbo tanto en su vida como en su estilo cinematográfico, y crea junto con su paisano y colega Thomas Vinterberg el movimiento Dogme 95, ese experimento formal caracterizado por una "búsqueda de la pureza perdida en el cine" inspirado por los escritos de François Truffaut en su paso por Cahiers du Cinema, y que se presentaba como una de las propuestas más anti-Hollywood jamás antes vistas. Von Trier así, pasa de la complejidad técnica al minimalismo casi amateur para regresar con una película (supuestamente musical) que de forma tramposa (y como una tomada de pelo más hacia la audiencia) nos hace creer que conserva y respeta la ideología Dogme 95 al mismo tiempo que viola todas sus reglas. Dancer in the Dark se convertiría así en su consagración y película más exitosa, que lo llevaría a realizar un triptico más, esta vez inconcluso (aún), de ataque/crítica anti-norteamericano (trilogía USA - Land of Opportunities de la cuál solo se han realizado a la fecha Dogville y Manderlay). Y va de nuevo, ahora de regreso... después de la austeridad de los últimos filmes (y de experimentar técnicas que van de la complejidad del Automavision en Boss of it All a la especie de teatro Beckettiano de la trilogía USA) regresa a la complejidad de sus primeros filmes con Antichrist, su última provocación y que exhibida por vez primera en la edición del festival de Cannes de este año, causara no solo conmoción sino incluso ira de parte de no pocos sectores de la crítica y la prensa.


Lars Von Trier / Antichrist / Dinamarca / 2009

Antichrist se muestra polémica desde el título, desde su estilizada puesta en escena y desde sus desgarradoras (y cabe mencionar, impecables) actuaciones. Es una película compleja, difícil, pocas veces se había mostrado el dolor de una forma tan desgarradora y cruel. Von Trier es muy cruel con sus personajes, especialmente los femeninos. La cinta cuenta con no pocos momentos de shock por los cuales ha causado tanta polémica, y sí son terribles, pero no distractores, y a mí gusto, no están de más, sino redondean la pesadilla. Se hablaba de una cinta de horror, y que más horror que el de nosotros mismos, el que tenemos dentro y nos va carcomiendo....Tal vez lo que más incomoda no sea lo perturbador y lo provocador de las imágenes sino el hecho, y aprovecho para citar a Thomas Hobbes, que "el hombre es el lobo del hombre", y con falda dá más miedo.

DJ-Tricks

"...O.K., lo hice, me dí la oportunidad de convertirme en DJ. Se requiere de usar todos tus sentidos y habilidades. Leer a la gente, su estado de ánimo y sus expectativas: querrán sentarse a escuchar y platicar, o querrán ponerse sus zapatillas de baile?
Tú puedes llegar siendo un extraño para todos y convertirte en su mejor amigo a las 3:30 a.m., o ser el villano que vacía una pista de baile llena en menos de 10 minutos y tiene que salir por la puerta de atrás con las mejillas sonrosadas.
Somos una especie que viene al mundo en diferentes formas y tamaños. Tenemos por un lado al DJ que toca "techno/house" cuya  única misión es mezclar tracks unos con otros, creando una larga (a veces eterna) pieza musical. Trucos que necesita saber: crecer en intensidad, meter muchos bajos, una parte más "artística" por aquí, una más pop por allá, un poco más para alborotar a los empastillados y pasar totalmente desapercibido. Por el otro lado tenemos al DJ "de bodas", cuyo trabajo es complacer, y lo hace tocando hits bailables y pegajosos de todas las épocas (aunque la gran mayoría suene a ABBA). El ,de repente, se sentirá "conceptual"  y tocará unas cinco piezas de los ochentas, seguidos de cinco de los setentas, y de regreso a los ochentas. Pero no existirán mezclas ni interacción entre las canciones. Viene a entretener no a educar. Así que...cuál soy yo?...bueno...realmente no soy el más hábil para la técnica y el arte de las mezclas, pero por el otro lado jamás toco a ABBA, así que podría colocarme en una posición intermedia, aunque con una característica distintiva: un micrófono. Soy un DJ cantante, canto sobre piezas instrumentales o platico sobre lo que pasa por mi cabeza, especialmente al principio de la noche, cuando la gente empieza a sorber sus bebidas. Porque en mi opinión un buen DJ no es solamente el responsable de la música, sino el alma de la fiesta. Mientras el guarura de la puerta se pone cada vez más rudo, los meseros más poco amistosos y los organizadores más codiciosos, alguien debe encargarse de que la gente la pase bien. Aquí es donde aparezco. No solo como un DJ, sino como el oficial de la fiesta. Dicho esto, enumero mis principios en algunas sencillas reglas.

1. Sonido. Generalmente, los sets de un DJ son muy ruidosos. Especialmente al principio, uno siempre deber visualizar hacia donde quiere llevar al público, y como hacerlo, si no, corres el riesgo de que la fiesta nunca mejore, porque la gente se cansa y se va a casa. El volumen y la ecualización deber de ser mezcladas y ajustadas desde la perspectiva de una pista de baile, ya que el sonido en los audifonos del DJ siempre es diferente. El DJ deber conocer la sonorización del lugar y saber que es lo que realmente escucha la gente.

2. Música. Antes de que el lugar alcance la mitad de su capacidad, el DJ se debe enfocar en canciones o por lo menos en melodías. Cuando es claro que la gente va a escuchar más que bailar, debes pensar más en mood que en ritmo. Y siempre asegurate de dar energía en vez de quitarla. Solo hasta que sientas que la gente lo necesita, es tiempo de incrementar la intensidad, y subir el volúmen.

3. Prioridades. Nunca entables conversaciones mientras tocas. Regala high fives o sonrisas, no tiempo, platica ya que terminaste. Ahora estás en el tiempo de pensar que canción sigue, desde mucho antes de que termine la que estás tocando.

4. Luces. Ok, ya iniciaste la fiesta y la gente está como loca, el oxígeno falta, la pista está llena, llevas tocando casi dos horas, se acerca tu momento triunfal: es tiempo de lanzar la mega-bomba, esa canción que siempre funciona y solo tú la tienes. Tu pieza insignia. Al llegar este punto el manejo de las luces es importantísimo, de alguna forma tienes que tener al encargado de las luces a tu lado o haberte puesto de acuerdo con él antes, pero recuerda que debes de tener el absoluto control de lo que pasará en unos momentos.
Lentamente mientras termina el track bajan las luces, y metes lentamente esa introducción con fuertes bajos que todos empiezan a reconocer, dices algo en el micrófono y en ese momento BUM entra de lleno la sección rítimica de la canción y al mismo tiempo enciendes todas las luces (mejor si son de colores) y al máximo. La gente se volverá loca. Entonces, espera un minuto, empiezas a bajar un poco el beat de la rola...y al momento que empiezas a subir el volumen de nuevo BUM prendes los estrobos. Solamente los estrobos. Las otras luces solo entorpecerían el efecto. En este momento la gente este doblemente loca y te ve como a un rockstar. Cuando de hecho, lo único que estas haciendo es ¡tocar la música de otras personas!....Tan fácil....tan perfecto...."
Texto por Erlend Øye para !K7's DJ Kicks, Berlín 2004


L'enfant terrible #1