viernes, 17 de julio de 2009

Yoshishige is God

Uno de los mejores intros en la historia del cine:


Heroic Purgatory / Kiju Yoshida / Japón / 1970

s u m m e r x 3

Con el húmedo calor veraniego y el aletargamiento que esto conlleva, se nos antoja salir de la cotidianeidad, una buena vacación es recomendable, y que mejor que acompañada de un buen libro, aún mejor si lo multiplicamos por tres.
Ahora, que el cuerpo descanse no significa que el cerebro también lo haga, así que agreguemos un poco de densidad, por lo que recomiendo una lectura no fácil, pero gratificante:
"Blood Meridian", Cormac McCarthy, 1994
Una complejísima, extenuante y violenta historia situada en el salvaje oeste norteamericano del siglo XIX.


"On The Road", Jack Kerouac, 1957
La controversial novela del celebre escritor beat, rodeada de mitos y realidades (que si la escribió en una sentada sobre unos larguísmos rollos de papel, que si estaba intoxicado de metadona/anfetaminas...), una de las novelas que más impacto han causado en la escena literaria norteamericana (aún 50 años después).


"La Posibilidad de una Isla" ("La Possibilité d'une île"), Michel Houellebecq, 2005
La última novela del L'enfant terrible de las letras francesas, calificado como decadente, reaccionario, pornógrafo, misógino y racista, Houellebecq no pasa desapercibido, y para echar más leña al fuego debutó el año pasado como director de cine con la adaptación de este libro, la opinión de la crítica y el público: que mejor siga escribiendo.

Architektur Ist Inhalt, Nicht Hülle

“ALGUNAS PERSONAS DICEN que comprar una casa sin haber
estado en ella antes es una mala idea, pero que saben
los demás acerca de nuestras necesidades.
Para nosotros era perfecta. La pintura
pelándose. El viejo techo de teja y vigas de madera.
El pequeño jardín atrás. El porche adelante. El olor a
humedad de la estancia. El ático. Todo sin amueblar,
destinado a permanecer así, con excepción de nuestros
modestos ofrecimientos: un sofá barato, un viejo
colchón, un par de sillas y algunos ceniceros. Quizá
una mesa que compramos a un carpintero en bancarrota. No
recuerdo. Tú tampoco.

Tomamos ginebra barato con jugo fresco de lima en unas
copas de plástico, y después directo de la botella, y
nos recostamos boca-arriba sobre la desgastada duela
de madera. Una vista aérea de nosotros pudiera suponer
que estábamos muertos, o tirados de borrachos, pero lo
que hacíamos era simplemente descansar. Marcar nuestro
territorio. Empezar las cosas bien. No como en los
votos que hicimos al casarnos, sino en lo que
realmente vale la pena. Tú prendiste tu pequeño radio
de bolsillo, y encontraste una estación agradable, de
las que nadie escucha.

Recuerdo que una vez te amé, y que tu me amaste más.

Entramos a nuestra nueva casa como un virus entra al
portador. Me seguiste o te seguí. De cualquier forma
da lo mismo.
Las ventanas eran altas y los muros gruesos. Hacia un
calor del infierno. El infierno del verano. SIEMPRE.

Mientras caminábamos sabíamos que estábamos ahí para
llegar al fondo, conocer el fondo, el cuál
encontraríamos si nuestros corazones eran fuertes y
nuestro amor verdadero, pero hasta este momento solo
habíamos descubierto una cosa, que pase lo que pase,
entre nosotros, hay un verano, un verano caliente
como el infierno."

domingo, 12 de julio de 2009

Arquitecto de libros



En diciembre de 2006 la editorial Lars Müller Publishers publicó una breve, pero interestante monografía/recopilación de los trabajos que realizara el arquitecto suizo/francés Charles Édouard Jeanneret-Gris mejor conocido como Le Corbusier no en el ámbito de la arquitectura, donde se convirtió en una leyenda, sino en el área del diseño gráfico, donde Le Corbusier tuvo interesantes (y muy afortunadas) incursiones en el collage, el diseño de cartel y en el diseño editorial (durante su vida colaboró como editor y diseñador en más de 40 publicaciones). Aunque no muy documentada, su rica producción editorial es presentada aquí por la historiadora de arte y crítica Cathérine de Smet que nos lleva de la mano a conocer, de forma cronológica, parte de una de las caras menos conocidas del arquitecto y para comprender la importancia que tuvo el diseño como complemento de su quehacer arquitectónico.

sábado, 11 de julio de 2009

Lied Vom Kindsein

En 1987 Wim Wenders dirige una de sus mayores obras maestras, que lo pondría en el panorama mundial como uno de los más importantes auteurs del siglo XX: "Der Himmel über Berlin". Esta película contenía una reflexiva prosa co-escrita con el guionista Peter Handke, llamada Lied Vom Kindsein (se puede leer tanto en inglés como en alemán en http://www.wim-wenders.com/movies/movies_spec/wingsofdesire/wod-song-of-childhood.htm), que sirve como punto de partida para un experimento formal, un tanto lúdico, un cuanto académico, "Cuando el niño era niño..." es una breve video de apenas 3 minutos de duración, en el cual mediante imágenes capturadas en una toma, con camára fija y música del belga Wim Mertens, la tapatía Isabel Villaseñor reflexiona sobre el hombre y el inclemente paso del tiempo rindiendo de paso tributo a uno de sus autores favoritos.


W a s h y o u r s i n s

Sauna /Antti-Jussi Annila / Finlandia / 2008

Del cine finlandés no tenemos muchas noticias, tal vez opacado por sus vecinos nórdicos (Suecia con Bergman y Moodysson, Dinamarca con Von Trier, Vintemberg, Bier y Boe) y por la falta de apuesta de los distribuidores por este tipo de cine (aún dentro del mal llamado cine de arte hay autores taquilleros, pues a fin de cuentas sigue siendo un negocio), su cinematografía, de manufactura discreta y local (si algún director ha trascendido sus fronteras es Aki Kaurismäki), ha permanecido principalmente oculta y apareciendo esporádicamente en muestras de cine o canales de tv cultural.
A finales del año pasado se estrenó la segunda película de un novel auteur finlandés, Antti-Jussi Annila, que a pesar de las carencias técnicas y económicas (la película costó solamente un millón de euros, una bicoca comparado con los costos del cine norteamericano), logró rodar "Sauna", una disertación metafísica con tintes religiosos (que nos recuerda en varios aspectos al cine de Tarkovsky), disfrazada de película de horror, que podría lograr el milagro de sacar a la filmografía finlandesa del anonimato.
"Sauna", se basa en la mitología finlandesa acerca del ritual del, ajem, sauna, una tradición milenaria de los pueblos nórdicos, que proponía que las personas al nacer y al morir deberían purificarse, "lavar sus pecados".
Situada a finales del siglo XVI después de una guerra territorial entre Rusia y Suecia, ambos países mandan comisiones de soldados a sus fronteras, su misión, crear un mapa exacto de los límites territoriales de cada país y ponerse de acuerdo, en forma pacífica, de las propiedades de cada uno.
Así un par de hermanos suecos (el bárbaro y el educado) y tres soldados rusos (el anciano, pacífico y reflexivo, y los jóvenes impulsivos) se dan a la tarea de completar la misión. Como era de esperarse los pecados de guerra, los crímenes impunes y la prepotencia militar salen a la luz, y la excelente conclusión en una aldea fantasma junto a un tenebroso pántano (que alberga un más tenebroso sauna) no podría ser de final feliz o de conclusión gozosa.
La excelente puesta en escena, el buen trabajo de casting y locación, un fino soundtrack más que apropiado y sin abusos, más una habilidad para causar miedo con el mínimo de recursos (una cachetada con guante blanco al efectista y plagado de CGI cine contemporáneo de horror) nos entregan un excelente filme que da lugar a la reflexión y a la meditación sobre quienes somos, a dónde vamos y cuál es la repercusión de nuestros actos.

Crujidos


"Si te miento no será por mezquindad,estas penas siempre llegan por torpeza."
Nacho Vegas

Uno de mujeres sin cabeza

La Ciénaga /Lucrecia Martel / Argentina / 2001

Había leído ya sobre Lucrecia Martel, la directora argentina que había causado bastante revuelo allá por el 2001 con su ópera prima "La Ciénaga", que si era la gran cineasta que el cine argentino necesitaba para resucitar, que si era otro auteur pretencioso y efímero que amarían los críticos y citaran los pseudointelectuales en sus disertaciones al calor de los tintos, que si era la versión argentina de Pedro Álmodovar (quién casualmente funge como productor de cabecera desde su segunda película). Y puesto que para poder opinar, y hacerlo de forma objetiva, hay que conocer, decidí conocer. Me dí a la tarea de conseguir la susodicha ópera prima, lo cuál para empezar fué bastante complicado, (conseguirla en dvd es difícil, problemas de distribución..donde habré oído eso....), al fin y gracias a la tecnología (benditos torrents) la tuve, esperé el día correcto (recordemos que la correcta apreciación de una obra, llámese filme en este caso, depende en gran parte del estado físico, anímico y psicológico del observador) y me dispuse a ver la película.
Días después, y trás varias reflexiones decidí compartir mis opiniones, que a continuación relato:
Lo primero que me llamó la atención es el estilo, Martel sabe crear atmósferas, de una forma tan efectiva que me remitió a David Lynch (cabe resaltar que no en estilo sino en pericia). Utilizando un preciso y eficaz uso de la iluminación y el sonido, somos transportados a una hacienda en las afueras de la ciudad de "La Ciénega", habitada por un grupo de decadentes burgueses sumidos en la más rutinaria y apesumbrada existencia, rara vez vista en celuloide. El calor es insoportable, húmedo, la tormenta siempre acechando, y la única forma de sobrellevarlo es durmiendo o bebiendo.
El filme abre con una genial escena de un grupo de adultos embriagados asoleándose al lado de una sucia alberca, actúan como aletargados, efecto acentuado por las botellas vacías y las copas en sus manos, uno de ellos cae sufriendo una herida considerable, mientras los demás sin inmutarse, siguen buscando el sol y alejarse de la sombra. Aquí pasa mucho más de lo que se ve, no solamente presenciamos flojera y hastío, vemos años de decadencia, de falta de ganas de vivir, de tedio, de egoísmo. Tienen que ser los jóvenes los que corren al auxilio, jóvenes que aunque cuentan con la edad y la energía, malgastan el día durmiendo o descansando, siguiendo inconscientemente, y sin oposición, el mismo lástimoso camino de los padres. El sonido es parte escencial de la película, prácticamente carente de score o soundtrack, nos limitamos a escuchar sonidos amplificados, las aspas de un ventilador, el golpeteo de los hielos en el vaso de licor, los truenos en el cielo presagiando la tormenta.
Carente también de tomas abiertas, vemos una sucesión de close-ups y tomas fuera de cuadro (la mayoría con cámara al hombro) que nos hacen participes de la situación y nos convierten en una especie de voyeuristas de la existencia de estos individuos.
Para el final no hay vueltas de tuerca, ni situaciones redentoras, tampoco asesinatos fortuitos o conclusiones simplonas, lo que vemos es una suerte de metáfora de la decadencia social, una serie de grises caracteres, la mayoría de ellos marcados por cicatrices (durante la película varios personajes sufren accidentes), que no buscan nuestro agrado ni nuestra comprensión, simplemente se dejan espiar por nosotros y nos hacen cómplices de su existencia.