“ALGUNAS PERSONAS DICEN que comprar una casa sin haber
estado en ella antes es una mala idea, pero que saben
los demás acerca de nuestras necesidades.
Para nosotros era perfecta. La pintura
pelándose. El viejo techo de teja y vigas de madera.
El pequeño jardín atrás. El porche adelante. El olor a
humedad de la estancia. El ático. Todo sin amueblar,
destinado a permanecer así, con excepción de nuestros
modestos ofrecimientos: un sofá barato, un viejo
colchón, un par de sillas y algunos ceniceros. Quizá
una mesa que compramos a un carpintero en bancarrota. No
recuerdo. Tú tampoco.
Tomamos ginebra barato con jugo fresco de lima en unas
copas de plástico, y después directo de la botella, y
nos recostamos boca-arriba sobre la desgastada duela
de madera. Una vista aérea de nosotros pudiera suponer
que estábamos muertos, o tirados de borrachos, pero lo
que hacíamos era simplemente descansar. Marcar nuestro
territorio. Empezar las cosas bien. No como en los
votos que hicimos al casarnos, sino en lo que
realmente vale la pena. Tú prendiste tu pequeño radio
de bolsillo, y encontraste una estación agradable, de
las que nadie escucha.
Recuerdo que una vez te amé, y que tu me amaste más.
Entramos a nuestra nueva casa como un virus entra al
portador. Me seguiste o te seguí. De cualquier forma
da lo mismo.
Las ventanas eran altas y los muros gruesos. Hacia un
calor del infierno. El infierno del verano. SIEMPRE.
Mientras caminábamos sabíamos que estábamos ahí para
llegar al fondo, conocer el fondo, el cuál
encontraríamos si nuestros corazones eran fuertes y
nuestro amor verdadero, pero hasta este momento solo
habíamos descubierto una cosa, que pase lo que pase,
entre nosotros, hay un verano, un verano caliente
como el infierno."